Además, como ser humano tengo el vicio de tener una memoria histórica muy limitada, o sea que siempre que puedo me fuerzo a volver la vista más allá de los doce últimos meses para coger un poco de perspectiva y no convertirme en una especie de zombie que solo reacciona ante los mercados cuando estos ya se han dado la vuelta, ya sea al alza o a la baja.
Pero esta vez he llegado tarde.
No pretendo que sea una excusa. Los datos estaban allí para quien quisiera analizarlos. Obviamente, había una fuerte 'niebla' que ocultaba información: el plantearse que valor puede aportar un bono alemán a 10 años por debajo del 1%, el hecho que desde finales de 2011 los tipos de interés de la deuda alemana no haya dejado de seguir bajando hasta niveles que aparentemente no tenían lógica... Todo esto parecía un sinsentido: pero no lo era.
Y el sentido común, para el que quisiera verlo, estaba a la vista de todos: en el mercado norte-americano.
En el gráfico con el que ilustro este post he ensombrecido los periodos que corresponden a algún tipo de expansión cuantitativa, ya sea el QE, QE2, Operación Twist, etc. En el gráfico superior, tenemos la evolución de la rentabilidad del bono americano (amarillo) y alemán (negro), mientras que en el gráfico inferior tenemos la evolución del S&P 500.
Como puede apreciarse claramente en toda la historia conocida de expansión cuantitativa, el comportamiento del mercado norte-americano ha sido el coherente: QE implicaba subidas de bolsa y caídas de precio (subidas de rentabilidad) en los Treasuries. Fin de QE implica (hasta que la economía no pueda valerse por sí sola) caídas de bolsa y subidas en el precio (caídas de rentabilidad) de los bonos. Y podéis ver que esto ha sido así a lo largo de todo el periodo analizado en el gráfico.
Pues bien, el fin del QE ha estado más que anunciado: acaba este mes. Y qué ha pasado en los mercados: caídas de bolsa y subidas del bono. Exactamente igual que en 2010 y 2011. Visto así, las caídas que hemos visto estos días no deberían ser una sorpresa, ¿no es cierto? Y no olvidemos que en 2010 y 2011 las caídas alcanzaron el 20% antes que la Fed decidiera intervenir con más QE.
Entonces, ¿por qué no estábamos esperando el momento cortos de renta variable y cargados hasta arriba de bonos?
Bueno, razones puede haber varias, y algunas lo podrían incluso justificar:
Por un lado tenemos al BCE y al BoJ comprometidos, en teoría, a substituir a la Fed en sus funciones de añadir liquidez a la economía mundial. Solo que no nos dan la misma confianza que la Fed, ¿no? El señor Draghi quiere hacer compras por un trillón de euros pero aun nadie tiene claro qué va a comprar. Y el Banco del Japón tampoco es la transparencia personificada.
También tenemos a las empresas que siguen mejorando sus resultados a pesar que la recuperación de puestos de trabajo en Estados Unidos se está haciendo a través de una precarización de la masa laboral que tendrá efectos en el consumo.
Tenemos también la confusión que genera el comportamiento del Bund alemán desde finales de 2011: a pesar del QE, el bono alemán ha evolucionado al alza al revés que el Treasury, lo que desde una perspectiva de valoración aun nos haya hecho más reticentes a mantener posiciones en lo que ya no nos parecía, dado su elevado precio, un calor refugio.
Resumiendo, tres argumentos que nos hacían estar largos en equity y cortos en duración, y recitando como un mantra esa famosa frase de this time is different.
Pues no lo ha sido.

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