RESUMEN DE EVENTOS
En la última semana hemos sido testigos de un resurgimiento de la volatilidad en los mercados a nivel global propiciado por las dudas sobre la fortaleza económica de los países emergentes en general y de la economía china en concreto. La devaluación de la moneda china ha sido el desencadenante de este movimiento, pero la clave está en el poco éxito que han tenido las autoridades chinas en frenar la caída de sus mercados bursátiles y la ralentización del crecimiento económico chino, que ha generado un efecto contagio en el resto de países emergentes (MSCI Emerging Markets Index -6% la semana pasada) y en las materias primas (CRB Commodity Index -3,4% la semana pasada).
Así, el crecimiento económico chino ha pasado del +7,4% al +6,6%, mientras que la producción industrial ha subido un +6%, mientras que hace un año subía un +9%. Las ventas minoristas crecen a ritmo mínimo mientras que las exportaciones cayeron un -8,3% en julio contra el +14,4% del año pasado. El PMI preliminar chino cayó el mes de agosto hasta 47,1, el mínimo desde 2009.
En este entorno, el rublo ha liderado la caída de las divisas emergentes, mientras el euro y el yen han reaccionado al alza debido a la aversión hacia los citados mercados emergentes y el incremento de probabilidad que la Reserva Federal finalmente no suba tipos de interés en septiembre tal como se esperaba debido a las dudas que están surgiendo sobre la capacidad de la economía de soportar tipos de interés más altos. Así pues, los tipos de interés a 10 años en Estados Unidos (Treasury) han llegado a cotizar por debajo del 2%, mientras el bund cotiza a niveles de 0,6%. El Eurostoxx 50 cayó la semana pasada un -7%, el S&P 500 un -5,8% y el Nikkei 225 un -5,3%.
A este entorno se ha añadido la nueva convocatoria de elecciones en Grecia y las dudas de cómo se van a ir aplicando las reformas pactadas con un gobierno de transición.
Lógicamente, con todo esto, la volatilidad ha reaccionado fuertemente al alza, alcanzando niveles que no se veían desde el verano de 2011:
PERSPECTIVAS
Por un lado, parece claro que los niveles extremamente bajos de volatilidad a los que nos habíamos ido acostumbrando no van a volver en el corto plazo, y debemos irnos acostumbrando a mercados en que para conseguir rentabilidad deberemos aceptar un nivel de riesgo substancial. Pero esta nueva situación se debe basar en el hecho que las valoraciones actuales de los mercados de renta variable están ya por encima de su media histórica, y no de las actuaciones de los inversores chinos.
Dicho esto, la reacción de los mercados parece desproporcionada teniendo en cuenta el poco peso del mercado bursátil chino respecto a la bolsa mundial, y teniendo también en cuenta que aunque los datos de crecimiento chinos se están moderando, siguen siendo positivos y a niveles substanciales. Más aún, la situación en los países desarrollados está muy lejos de la que teníamos hace cinco años, con el crecimiento económico evolucionando al alza en Europa, niveles de desempleo mínimos en Estados Unidos y un sistema financiero saneado.
Esta situación económica no corresponde, pues, con el nivel de retrocesos en bolsa que hemos visto esta última semana, lo que nos hace dudar sobre la posibilidad que se trate de un cambio de tendencia a medio plazo, sino más bien de un movimiento a corto plazo magnificado por la poca liquidez de los mercados en agosto.

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