lunes, 24 de marzo de 2014

Bonos corporativos emergentes: ¿un activo con clase?

Al empezar 2013, los fondos de renta fija emergente eran los favoritos de las carteras recomendadas de todos los asesores de inversiones.

Los flujos se acumulaban en estos activos, especialmente después de los resultados de doble dígito de 2012, cuando los bancos centrales inundaron el mercado con liquidez barata y quantitative easing. Fue el mismo año que el Banco Central Europeo lanzó su programa de Long-Term Refinancing Operation (LTRO) y, pocos meses después, el de Outright Monetary Transactions (OMT), mientras la China y Brasil recortaban tipos de interés y –lo más importante- la Reserva Federal iniciaba su Operación Twist. Por tanto, cuando los asesores de inversiones diseñaban sus carteras recomendadas para 2013, era fácil ver porque los fondos de deuda emergente, especialmente en aquellos denominados en divisa local, representaban una parte significativa de la cartera recomendada.

Pero 2013 se convirtió rápidamente en un año difícil. Las economías de Asia, Europa del Este y Oriente Medio continuaban funcionando, pero Latinoamérica y África sufrían un crecimiento débil y sus exportaciones decepcionaron. Entonces, a mediano del año, Ben Bernanke empezó a hablar de reducir el volumen de compras de deuda pública de la Reserva Federal, y los mercados reaccionaron con caídas. Y los mercados emergentes se llevaron la peor parte.

Desde entonces, los inversores minoristas han retirado progresivamente sus inversiones de la deuda emergente, tanto en divisa local como en hard currency, haciendo caer los precios en el proceso. Pero los mercados a la baja a veces crean grandes oportunidades de inversión. Un buen ejemplo: la renta fija corporativa emergente, con los spreads de mercados desarrollados estrechando y el spread entre deuda corporativa desarrollada y emergente ampliando.

La ‘búsqueda de rentabilidad’ que hemos visto en 2013 en los mercados desarrollados ha estrechado los spreads de crédito hasta el punto de aproximarnos a niveles de burbuja en clases de activo como los bonos high yield. Las bajas rentabilidades de los corporates de mercados desarrollados podrían atraer la atención de los inversores hacia una clase de activos que ha sido abandonada desde que Bernanke empezó a hablar de tapering: los bonos corporativos emergentes. Especialmente desde el momento que ya son atractivos tanto desde una perspectiva  de valoración como desde un punto de vista fundamental.

Primero, hay tendencias que no deberían ser ignoradas:
  • Los países emergentes van a continuar incrementando su peso en la economía mundial. La previsión de crecimiento para estos países está entre el 5% y el 5,4% para 2014, mientras la previsión para los países desarrollados es del 2,3%. Y la deuda corporativa emergente tiene exposición a este mayor crecimiento.
  • Los emisores emergentes han continuado globalizando sus fuentes de financiación, resultando un incremento de volumen de la clase de activo del 169% desde 2009. Y el volumen total de bonos corporativos emergentes ya ha superado el de los high yield norte-americanos con un volumen total de 1,4 trillones de dólares en bonos en circulación.



Los fundamentales de los emisores emergentes también son favorables. Para cada nivel de rating, los corporates emergentes están menos apalancados que sus contrapartidas norte-americanas, y ofrecen un spread extra que va desde los 128pb para investment grade a los 231pb para high yield. Además, su nivel de default es parecido al de los bonos corporativos norte-americanos de rating equivalente, y la cantidad de sectores representados en la categoría de activos ha aumentado, permitiendo una inversión diversificada. Y finalmente, la globalización de las fuentes de financiación de estos emisores ha acarreado un incremento de su transparencia.




En cuanto a valoración, tal como ya he dicho, estos bonos cotizan a spreads superiores que sus contrapartidas de países desarrollados para cada nivel de rating, generando un cojín de seguridad en caso que los tipos de interés evolucionen al alza (tienen menos sensibilidad a las subidas de tipos de interés de la Fed/BCE en cuanto tiene mayor spread de crédito) y ofreciendo margen para un mayor comportamiento relativo de estos bonos.



Teniendo en cuenta los fundamentales de los emisores emergentes y la valoración de los bonos, la conclusión es que los bonos corporativos son una buena inversión para –al menos- el medio-largo plazo. ¿Pero qué pasa con el corto plazo? ¿Es realmente el momento para invertir en corporates emergentes? ¿Es el momentum adecuado?

En términos de momentum, los flujos hacia corporates emergentes no han frenado-ni siquiera en 2013 cuando los flujos positivos de inversores institucionales en deuda soberana emergente no pudieron compensar los flujos de salida de los inversores en fondos minoristas que reaccionaban ante el miedo al tapering. Los flujos hacia corporates emergentes nunca cayeron en volumen, ni siquiera cuando el flujo en bonos emergentes (sumando bonos soberanos y corporativos era negativo.


En resumen, las expectativas son que los bonos corporativos de países emergentes va a ser una clase de activos con un comportamiento relativo, ajustado por riesgo, superior al resto de activos disponibles, por lo que recomendaría sobreponderar.

Entre los vehículos a disposición del inversor minorista están el iShares Emerging Markets Corporate Bond ETF (ISIN US4642862514) y la SICAV luxemburguesa DWS Invest Emerging Markets Corporates (ISIN LU0273179951).

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